Una vez mi perra Pichula estaba jugando con
unos amigos que ella había encontrado en la calle. Y se me escapó porque ella
era muy mala, pero muy mala. Mordía a toda la gente que pasaba por la calle. Pero
yo no me daba cuenta que ella era mala.
Un niño cuando la vio en la calle paseando le
enseñó a ser mala. La perra lo escuchó porque no era nada sorda. Ella escuchaba
todo lo que le decían y una noche se escapó y fue a la casa del niño que le
había enseñado a morder y a agarrar a todas las personas.
Con ella vivíamos en Mendoza porque nos habíamos
mudado hacía 1 hora y 30 minutos. Pero ella se sentía muy triste porque había
dejado su amigo que le enseñó a morder.
Pamela, "5° A"
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